“No importa cuánto tiempo pases en la tierra, cuánto dinero hayas reunido o cuánta atención hayas recibido. Lo que importa es la cantidad de vibración positiva que has irradiado en la vida".

― Amit Ray

 

 

GILBERTO MILLAN

Sobre mí

Desde pequeño comencé a recibir algo sublime pero que no comprendía. De todos modos un estado de inocencia y de confianza en lo que “canalizaba” expandía mi corazón con una energía que vibraba en la frecuencia del amor incondicional y de la paz.

 

Me dejé fluir en esa Esencia que presentía Superior a mí, que me inspiraba y me protegía a la vez.

 

Mis padres me llevaban a distintos lugares para que “ese niño extraño” pudiera ser “normal” = igual que los demás.

 

Pero los seres evolucionados que me veían, venían a mi y tomaban mis manos para que “yo” les brindara un alivio y les ayudara a ser liberados. “¿Yo?” Y pensaba con cierta perturbación, y a la vez sentía una sensación de absoluta confianza, que “este niño extraño” era en realidad un “ser extraordinario”.

 

¿Qué es esto? El SER EXTRAORDINARIO es lo que todos SOMOS por ser hijos del Cielo. Y se vuelve “ordinario” cuando el SER, que es la esencia divina del cielo, es encerrado en los miedos que utiliza la cultura para esclavizarnos.

 

Nunca quise considerarme ni me considero un “elegido” pero sí me siento “entregado” al Cielo para canalizar su mensaje y compartir con todos en este mundo que somos la Energía del Cielo. Somos seres supremos, esperando ser despertados y liberados de toda negatividad mientras habitamos nuestro cuerpo humano.

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GILBERTO MILLAN

Todos somos hijos del Cielo porque todos somos ESPÍRITU Y ALMA

email: universo@gilbertomillan.com

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Desde pequeño comencé a recibir algo sublime pero que no comprendía. De todos modos un estado de inocencia y de confianza en lo que “canalizaba” expandía mi corazón con una energía que vibraba en la frecuencia del amor incondicional y de la paz.

 

Me dejé fluir en esa Esencia que presentía Superior a mí, que me inspiraba y me protegía a la vez.

 

Mis padres me llevaban a distintos lugares para que “ese niño extraño” pudiera ser “normal” = igual que los demás.

 

Pero los seres evolucionados que me veían, venían a mi y tomaban mis manos para que “yo” les brindara un alivio y les ayudara a ser liberados. “¿Yo?” Y pensaba con cierta perturbación, y a la vez sentía una sensación de absoluta confianza, que “este niño extraño” era en realidad un “ser extraordinario”.